Ser Independiente: Un error que no conocías

El sueño de muchas personas es lograr la independencia absoluta. Ser Independientes supone no necesitar a nadie, no pedir permiso, hacer lo que queremos y en gran medida estar solos. La Independencia en muchos casos es sinónimo de Libertad. Y por más que sea una sana Independencia, estamos cometiendo un error muy grave al creer que es la máxima etapa de la vida. La Independencia es sana mientas no caigamos en la equivocación de creer que por eso podemos solos con todo. No tiene nada de malo, ni seremos menos independientes por aceptar ayuda.


No tiene nada de malo, ni seremos menos independientes por aceptar ayuda.

Durante la etapa de la adolescencia es muy normal soñar con esa anhelada independencia. En mi país por ejemplo, a los 18 años una persona ya es mayor de edad, eso supone entre otras cosas que ya puede votar y obtener su libreta de conducir. Es decir, es un joven adulto que tiene responsabilidad por sus actos y decisiones. Entonces, a los 15 años, todos queríamos llegar a esos 18 años para imponer nuestra independencia, aunque en la mayoría de los casos al llegar ahí nos enterábamos de que la vida es mucho más diferente de lo que esperábamos y con 18 años aun nos falta mucho.


Sin embargo, ese deseo de independencia sigue siendo fuerte. Y pasan los años, la vida, el trabajo y logramos el deseo. En mi caso al menos fue una realización personal alcanzarlo, me sentía exitosa y feliz. Lo que ignoraba era que no estaba en la cúspide de la cima sino que había un nivel más, una etapa más avanzada.


Vamos a verlo de esta forma, dentro del proceso de Independencia existen tres niveles:


1. El nivel 1 es en contrapartida la Dependencia. Y esta es cuando nacemos y vamos creciendo, somos absolutamente dependientes. Nos alimentan, nos bañan, nos ayudan, nos cargan, nos enseñan. En todo momento dependemos de alguien, de otra forma moriríamos. El nivel de dependencia es absoluto. Sin embargo, a medida que crecemos vamos disminuyendo el grado de dependencia, como cuando aprendemos a caminar, a comer, a hablar. Y así sucesivamente, vamos creciendo y formando nuestra independencia con pequeños logros. Se siente bien empezar a ser grandes, a dejar atrás la seguridad de un corral para ir detrás de aventuras y rodillas raspadas.

El problema es cuando ese estado se alarga a la vida adulta. Miles y miles de personas sufren de dependencia emocional y económica, y eso las obliga a estar en un estado mental limitado, donde todo dependerá de la otra persona, no de sí misma. El estado de dependencia nunca es sano. La persona adulta no logra manifestar todas sus facultades ni tomar responsabilidad por su vida.


2. El segundo nivel es la Independencia propiamente dicha. Como ya hemos hablado lograr ese estado de independencia es empoderarnos. Podemos dirigir nuestra vida hacia donde queremos, no solo porque ya no “pedimos permiso” sino porque somos dueños de nuestro dinero y no necesitamos a nadie. Muchas veces estos casos se dan en personas que viven solas, que les resulta difícil aceptar ayuda y mucho menos pedirla. La independencia es libertad en todo sentido. Gracias a ella podemos tomar las decisiones que nos plazcan, y andar el rumbo deseado. Pero el límite entre una sana independencia y el egoísmo es muy fino, el hecho de estar constantemente velando por los propios intereses y la falsa seguridad de “yo puedo con todo, no necesito de nadie”, es peligroso. Se puede caer en el error de alejar a las personas haciendo que todo sea vuelva cuesta arriba.


La Independencia es necesaria, pero es el segundo nivel y no el último.

3. EL tercer nivel para muchos desconocido es la Interdependencia. Esta palabrita se refiere a la relación que existe entre las partes. Vamos a explicarlo así, por más que yo me considere una persona independiente en todo, la creencia de que por eso no necesito a nadie es falsa, por el simple hecho de que todo está conectado. Escribo en este blog gracias a que Héctor necesitaba una escritora, y puedo hacerlo gracias a que tengo una computadora, Internet y etc. O sea, si bien como persona independiente pago mi factura de Internet con mis ingresos, necesité que alguien más instalara la conexión en mi casa, y ni hablar de que antes hubo alguien que lo creó. A lo que quiero llegar es que por más independiente y fuerte sea una persona, toda su vida va a necesitar de la otra persona, pero no por eso perderá su Independencia.



La Interdependencia es la mejor manera de ver las relaciones. Todo está conectado, somos una cadena, somos los engranajes de la máquina.

Hay que tener en cuenta que es necesario atravesar los tres niveles, que son parte del proceso. De hecho en muchas ocasiones se sobreponen unos a otros, hasta que el siguiente se alcanza por completo.


Podemos ser Independientes, pero jamás deberíamos olvidar que solos no vamos a llegar a ninguna parte.


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