¿Quién eres realmente?

¿Si te preguntan en este momento quién eres, qué responderías? ¿Dirías tu nombre? ¿Tu profesión? ¿Dirías de quién eres hijo? ¿Dirías de quién eres padre? ¿Qué es lo que te define como persona? Estamos llenos de etiquetas, pero ¿eso es lo que somos?



Sí, aquí en Sé el Jefe también nos interesan los temas existenciales. Porque para triunfar en un negocio, tienes que primero trabajar en ti mismo, en tu interior.


Le hemos dado más valor a lo que hemos hecho y lo que hemos acumulado, pero no le hemos prestado atención a lo que somos. Porque atender a lo que somos puede dar un poco de miedo. Lo que somos está ahí calladito esperando que nos ocupemos. Por lo general, para llegar a lo que realmente somos debemos recorrer un camino un poco espinoso y eso no nos gusta.


Para dar con lo que somos, tendremos que enfrentar algunos aspectos internos a los que hemos decidido maquillar, ponerle máscaras o, simplemente, enterrarlos muy en el fondo para que nadie lo vea. El problema es que eso que nos desagrada es lo que está justo ensombreciendo toda la luz que de verdad somos. Y mientras ignoremos esa sombra, mientras le huyamos y no la miremos de frente, jamás le daremos paso a lo que sí somos.


La noche oscura del alma


La noche oscura del alma es una gran crisis que atravesamos, es tocar fondo y rendirse. Es un período oscuro en el que ya no podemos evadirnos más y nos toca enfrentar el dolor. Puede haber más de una noche oscura del alma en nuestras vidas.


Es un proceso que desata “demonios”, todo eso que habíamos callado, ocultado y dejado a un lado sale a flote de un solo golpe. Basta con vivir una experiencia límite para que todo el trabajo de maquillaje se venga abajo y quedamos desnudos frente a nosotros mismos.


En la noche oscura del alma nos permitimos ser vulnerables, nos rendimos y aceptamos que pase lo que tenga que pasar, es como si el pozo no pudiera ser más profundo y no pudiéramos caer más bajo. Esa rendición hace que atravesemos el dolor de forma genuina y para cuando la tormenta pasa, ya estamos despojados de esas máscaras. En pocas palabras hemos sanado una o quizás varias heridas.


La noche oscura del alma podría ser la muerte de un ser querido, una separación, una pérdida fuerte, un accidente, una enfermedad o una crisis de identidad. Se desata el conflicto existencial y esto puede durar unos días, unos meses y hasta unos años.


Admitir la ignorancia


Ante la pregunta de quiénes somos, sería mucho mejor hablar con honestidad. La mayoría no lo sabemos y estamos recorriendo un camino para descubrirnos. Algunos lo atravesamos de forma consciente, otros de forma inconsciente. Pero, el caso es que la búsqueda en la que pasamos nuestros días, en realidad, es la de nosotros mismos.


Cuando quieres obtener algo con mucho intensidad, por lo general, está buscando llenar un vacío. Ese vacío nada ni nadie lo puede llenar, porque es existencial. Es la falta de ti mismo y el haberte alejado de lo que realmente eres, ese es tu vacío. De manera que la solución al vacío interno solo está dentro de ti. Nada externo puede llenarte, eso no es natural, así no funciona.



Solo puedes aportar algo al mundo si primero te conoces, te atiendes, te amas. De resto, solo estarás engañando al mundo y, peor, a ti mismo. Por eso es hora de cuestionarte todo. Preguntarte si de verdad haces lo que te deseas o, simplemente, vives en automático.


Tu búsqueda de prosperidad, de éxito, de amor y tantas otras experiencias más, no puede desconectada de ti. ¿Cómo conseguir eso afuera si nunca has ido dentro de ti? ¡Imposible! Todo va de adentro hacia fuera no al revés. Así que acepta que no sabes quién eres, que no eres eso que te dijeron tus padres, o que te dijo la sociedad que debías ser. Acepta tu ignorancia para que puedas comenzar a aprender.


Lee también: “3 diferencias esenciales entre aceptación y resignación”.


Quien no eres


No eres tu nombre, ni tu profesión, ni tu estatus, ni tus roles. No eres tus emociones, ellas son solo indicativos de algo. No eres tu sufrimiento, ni tus frustraciones, ni tu pasado. No eres tus limitaciones, ni esa voz saboteadora que te dice que no puedes.


No eres tus posesiones, ni tus logros. No eres tus miedos, ni los de tu familia. No eres el que quiere complacer a todos, menos a sí mismos. No eres una víctima de tus circunstancias. No eres lo que hiciste ayer. No eres solo un cuerpo. No eres una enfermedad, la enfermedad solo es síntoma de que estás desconectado de quien realmente eres.


¿Quién eres realmente?


Afortunadamente, eres mucho más que eso que tienes y haces. Eres cuando te permites hablar desde lo que realmente sientes, eres ese ser que se permite aprender, experimentar. Eres tú cuando expresas tus deseos profundos sin sentir vergüenza y también cuando vas tras tus sueños. Eres tú en tu esencia cuando te escuchas, cuando descansas si así lo quieres. Eres tú cuando te permites jugar, disfrutar de las cosas pequeñas de la vida.



Eres cuando das sin expectativas de recibir. Eres libertad. Eres presente, aquí y ahora y solo cuando aceptas el presente te acercas a quien realmente eres. Eres un alma inocente que vino a vivir en amor, pero se te olvidó. Por eso es bueno recordar nuestra verdadera esencia y quizás solo lo podamos recordar experimentando primero lo que no somos. Por eso esta vida es un camino de evolución. Todas nuestras experiencias nos ocurren para acercarnos cada día más a lo que somos.


Así que alégrate, porque estás en el camino. Y si aún no sabes quién eres eso no es lo importante. Lo importante es que estés dispuesto a experimentarlo.

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