¿Por qué nos importan las opiniones de los demás?

Todos hemos escuchado la frase “Manda a todos a la mier…”, sobre todo últimamente por esto de que hay que preservar el amor propio. No es que sea una mala recomendación, pero la verdad es que no creo que exista una persona en el mundo que no le importe absolutamente nada la opinión de los demás. Porque, de hecho, no está mal que te importe hasta cierto punto. En este artículo, me concentraré en explicar desde un punto de vista científico y cultural el porqué nos importan las opiniones de los demás y cómo podemos hacer para que nos afecten lo menos posible.



Me interesa particularmente este tema porque en Sé el Jefe se trabaja en equipo y constituye una comunidad de emprendedores que necesitan poner la opinión de otros en el lugar que le corresponde. Veamos, a continuación, cuáles son esas razones por las que “el qué dirán” te afecta.


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Estamos programados para vivir en comunidad


El homo sapiens es un animal social. ¿Quién puede contradecir eso? Estamos diseñados para convivir, crear comunidad, familia, manadas, tribus o como quieras llamarle. Además, desde el instante en que el lenguaje comenzó a formar parte de nuestras vidas y sentimos la necesidad de comunicarnos, nos empezó también a interesar lo que el otro tenía que decir.


¿Qué significa esto? Que es imposible que no nos interesemos por la visión del mundo de nuestros semejantes. Es así, biológicamente y socialmente. Estamos predispuestos para tomar en cuenta al del frente y no solo expresar nuestro mundo interno, sino también recibir el de todos los demás. Del acto comunicativo nacen otros acontecimientos esenciales, negarlos sería una atrocidad.


Entonces, es natural que quieras saber qué piensa el otro y el otro quiera saber lo que piensas, así que no debes sentir angustia o quebranto por eso. ¿Dónde está el problema? El problema está en que las programaciones sociales fueron paulatinamente sobre dimensionando las opiniones. Se les fue otorgando una significación errada que nada tiene que ver con unirse o comulgar con nuestros hermanos para crear cosas maravillosas en este mundo.


Las opiniones por sí solas no son dañinas o tóxicas para nadie, son simplemente un punto de vista muy subjetivo de alguien, y como tal deben verse. Si esta opinión enriquece alguna idea para construir algo, podría ser tomada en cuenta y bienvenida por la tribu.



Una opinión no es la verdad


El conflicto nace, cuando la verdad muere. La verdad nunca puede ser una opinión de alguien, pues esta está bastante empañada por filtros individuales, familiares y sociales que ya sabemos no siempre son constructivos. La verdad no toma partido, ni busca tener la razón. La verdad reposa en la neutralidad de quien vive en paz. Una persona que ve los hechos sin mancharlos de opiniones, se puede decir que ha visto la verdad. La verdad, además, es aceptación de todo lo que ocurre, sin ponerle etiquetas de bueno o malo. Y a partir de allí construir o crear.


La pregunta seria que tendríamos que hacernos es: ¿Quién vive la verdad? Creo que hacia allá apuntamos, pero casi nadie la experimenta. Dicho esto, ¿cómo compartir con los demás sin que nos afecten sus opiniones?


La clave está en el equilibrio


Es cierto que te importa la opinión de otros y ya sabemos que eso no tiene por qué ser un problema si le das el significado correcto. La clave está en no darle un peso tan grande, ni tampoco ignorarla por completo (cosa que sería negar que te importa, mentirías). Recíbela, medítala y decide si algo de ella te es útil, de no ser así, déjala a un lado sin dramas.


Pero, ¿cómo llegar a ese punto? Trabajando en tu autoestima, seguridad y permitiendo que las experiencias te hagan crecer y madurar. Haciéndote responsable de tu vida. Decide ser un adulto responsable y verás cómo las opiniones de los demás dejarán de ser un problema para ti. La raíz del asunto es que somos niños en cuerpos adultos, nos quedamos estancados en una infancia eterna donde no somos capaces de tomar las riendas de nada.


Por lo tanto, lograr que las opiniones de los demás dejen de hacernos daño es una decisión, es decir, un tema de conciencia. Si estás dispuesto a dejar de tener la razón, a dejar de achacarle todos tus males a factores externos y a dejar de vivir en el pasado, muy probablemente las opiniones de los demás terminen siendo solo eso, opiniones. Sin que tengas que odiarlas o darles significado de verdad absoluta.



Estar a la defensiva no te hace más fuerte


Por otra parte, eso de creer que por mandar a la mier… a todo el que se te atraviese te hace una persona más fuerte y segura de ti misma, no es totalmente cierto. La mayoría de las personas que se comportan de esa manera solo están muy asustadas y actúan a la defensiva, es decir, intentando protegerse (en exceso) del supuesto ataque externo. Es de por sí una actitud infantil. Cuando una persona es segura de sí misma y está en paz no necesita defenderse, simplemente, dibuja límites y transmite respeto ante un ataque.


De ahora en adelante, hazle un favor a la humanidad y sé comprensivo contigo mismo. Si alguien opina algo que te afecta, no te des látigo ni te defiendas de forma agresiva, comprende que es normal que te importe, pero que eso no quiere decir que asumas esas opiniones como tu verdad o como algo que pueda afectarte en lo profundo. Simplemente, es la visión de alguien con sus creencias, tú tienes las tuyas, pueden coincidir o no con las de esa persona, pero lo importante es que siempre pongas en una balanza lo que te hace crecer o lo que simplemente añade basura a tu mente.


Créeme que cuando veas las opiniones de los demás solo como lo que son, no sentirás angustia ni ninguna otra cosa negativa. Podrás intercambiar ideas en sana paz con quienes te rodean y los conflictos disminuirán notablemente.


¿Cómo crees que se podría aplicar esto a los negocios? ¿Cómo manejas tú las opiniones de los demás?

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