¿Podemos cambiar la realidad que percibimos?

Investigando sobre la percepción humana, he descubierto datos interesantes que unen ciencia y espiritualidad. Si hay algo que me apasiona es la fusión entre estas dos visiones, aunque muchos pudieran crucificarme por eso. Cada día que pasa me convenzo más de que para conseguir la verdad es necesario poner atención a los opuestos e integrarlos. Sé que es un terreno complejo en el que me estoy metiendo, pero haré el intento de explicar algunos hallazgos.



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¿Percibimos la realidad tal como es?


El cerebro humano es una máquina receptora de muchos estímulos y procesa demasiada información por segundo. En realidad, nuestra percepción no se da a través de los sentidos, es el cerebro el que ve, palpa, oye, gusta y huele. Pero, no solo eso, también clasifica, analiza, concluye y almacena en la memoria información que de alguna u otra forma es de impacto para nosotros. Así es como se desarrolla el proceso cognitivo, es decir, nuestra actividad mental.


En ese sentido, nuestra mente está repleta de interpretaciones que primero fueron percepciones de una realidad “externa”. Todo lo que percibimos pasa por el filtro de nuestros pensamientos, es un ciclo constante del que es difícil salir si no hacemos conciencia. Esta es la razón por la que frente a un mismo objeto, imagen o situación dos personas no describirán lo mismo.


Hace poco vi un documental de una adolescente que cayó en la cárcel por asesinar a un cliente, pues ella era una prostituta. Su abogado defensor quiso demostrar que la joven no tenía capacidades mentales óptimas como para actuar de manera premeditada ni con alevosía.


Fue sometida a varias sesiones psiquiátricas donde se evaluaba, entre otras cosas, su percepción de la realidad. En uno de esos encuentros, el psiquiatra pone en frente de ella varias imágenes donde se mostraban diferentes escenas de interacción social. En una de esas imágenes aparecía una pareja abrazándose (al menos eso vi yo), pero la adolescente en cuestión lo que vio fue un hombre intentando abusar de una mujer, claramente dijo: “Ella no quiere estar con él, pero él la obliga a la fuerza”.


Esta chica había sido abusada sexualmente, su madre y su abuela también. Su madre consumió alcohol y drogas durante el embarazo y la dio en adopción siendo muy pequeña. Su madre adoptiva nunca pudo hacerla entrar en razón, la chica se escapaba de la casa constantemente. Ante esta historia ¿Es alocada su interpretación de la imagen? No, ella estaba siendo “leal” a su historia personal y familiar.


Percepción y pensamientos distorsionados


Los seres humanos tenemos pensamientos y percepciones distorsionadas, algunos para mal, otros para bien. El problema es que la mayoría contamos con una forma de percibir distorsionada que no va en nuestro favor, sino que nos hace sufrir.


Ante cualquier situación, nuestros patrones de pensamiento se activan, involucrando nuestra historia personal y aportando una interpretación coherente con nuestra experiencia de vida. Pero, ¿qué sucede si nuestra experiencia es de abandono, soledad, dolor, sufrimiento, etc? Lógicamente, ese abanico emocional empaña nuestra percepción de la realidad, es inevitable.



La proyección en la ciencia y la espiritualidad


En este orden de ideas, llegamos al concepto de proyección. La psicología ha estudiado exhaustivamente el fenómeno de la proyección, a través del método científico aplicado a las ciencias humanas y sociales. Lo define como un mecanismo defensivo donde la persona atribuye sus propias carencias o virtudes a los demás.


En espiritualidad, la proyección es una truco del ego para diferenciarse del otro, despojarse de culpas propias y así hacer a los demás los culpables de todas sus desgracias. Es un truco, porque en realidad nadie es culpable, sino que toda proyección solo habla del daño que nos hacemos a nosotros mismos por el afán de creer que vivimos en un mundo dividido de víctimas y victimarios.


En ambos casos la noción de separación y anulación del otro están presentes. En realidad, la proyección nos dice que percibimos nuestras propias creencias materializadas en el mundo exterior. En otras palabras, tenemos el gran poder de convertir nuestra realidad en lo que, consciente o inconscientemente, creemos.


Para dejar de proyectar debemos desistir de la idea de que lo que está afuera es la causa de nuestras desgracias y poner el foco en cómo percibimos e interpretamos la realidad según nuestra experiencia de vida.


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¿Cómo quieres que sea tu realidad?


No me queda más que concluir lo siguiente: es hora de que todos nos preguntemos cómo queremos que sea nuestra vida y comenzar a avanzar en función de ello. Pero no podremos hacerlo si antes no sanamos nuestra percepción distorsionada, si no nos cuestionamos nuestros pensamientos y creencias. El secreto para los cambios es tomar conciencia y luego actuar para verlos materializados.


Deja de quejarte, deja de achacarle culpas y responsabilidades a terceros, deja de ver enemigos por doquier y comienza a conocerte. Trabaja en ti, solo así podrás avanzar hacia donde quieres. Quizás tus interpretaciones de lo que ves no son favorables para tus objetivos y debes dejar de actuar basado en tus percepciones negativas de todo lo que te rodea.


Recuerda esto: El impedimento más grande para el logro de tus objetivos eres tú mismo. Tú puedes cambiar la realidad que percibes, cambiando tus patrones de pensamiento y tus creencias limitantes.



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