¡No emprendas! [O cómo emprender es el monstruo del cuento]

Updated: Jan 31

¡No emprendas! Es el mensaje entre líneas sacado del discurso de muchos emprendedores con más experiencia. Se resume así: Yo empecé con nada, di muchas vueltas, me caí, lloré, me levanté y aprendí mucho, ahora soy el más feliz. Pero, tú, tú no. Tú debes prepararte, pagar mentorías de $5000 (que no tienes), aprender de los que ya saben, meterte las estadísticas como un puñal y perder las esperanzas de que tu negocio pasará los tres primeros años.



Así es como se logra que menos personas se arriesguen a emprender, amplificando de forma innecesaria sus miedos. No se trata de vivir engañados, pero tampoco de ver cada paso del emprendimiento como un Everest. Hace pocos días una amiga me dijo: "Si fuera fácil, todos emprenderían", no sé hasta qué punto esto sea verdad.


Creo que vivimos en un mundo diverso, donde algunos desean emprender y otros no. Algunos tienen miedo de hacerlo, otros se atreven. No creo que la razón por la que muchos no emprenden es porque sea difícil, sino porque, sencillamente, no les interesa. Y eso es perfecto, porque si todos emprendemos ¿a quién vamos a contratar como empleados? Ser empleado es tan loable como ser empresario y ambos pueden tener grandes misiones de vida.


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Buscando el equilibrio


Entre los emprendedores del tipo "ahí viene el lobo" y los de "todos deberían emprender porque es lo mejor", debe haber una voz de equilibrio. Emprender no es ni lo mejor, ni lo peor. Es, simplemente, un camino que muchos escogemos para vivir nuestras vidas. Decidimos que siendo empresarios se cumpliría nuestra misión. Pero, objetivamente te pregunto: ¿Crees que es el modo ideal de vivir para todos?



Si queremos defender la libertad, que sea la LIBERTAD con mayúscula. Esa que no impone nada, ni pretende manipular para satisfacer la necesidad de tener la razón. Es esa que respeta si un hermano decide ser infeliz o sufrir, si decide ser pobre o vivir en una montaña y sembrar su comida. ¿Quién soy yo para saber lo que le conviene a alguien? o peor ¿Quién soy yo para subestimar su capacidad de vivir como le dé la gana?


Este artículo va dirigido a aquellas personas que desean emprender, pero tienen miles de voces diciéndole los 500.000 requisitos que deben cumplir antes de tan siquiera atreverse a considerarlo. Esos que tienen demasiadas dudas y llevan años queriendo iniciar, pero las estadísticas los aterran. Voy a exponer mi perspectiva, a continuación, sin mayor pretensión que la de calmar las aguas, y que de tomar una decisión sea en el momento que a cada quien le sirva.


Aquí van algunas sugerencias, si estás buscando una voz de equilibrio:


Si es lo que quieres, ¡hazlo!


Tarde o temprano, si lo que quieres de todo corazón es emprender, lo harás. Ni si quiera hace falta que nadie te lo diga. Lo que no recomiendo es dilatar la decisión por miedo a todo lo que no sabes, o lo que no tienes.


Hay casos diferentes por doquier. Hay quienes empezaron con mucha guía, que nacieron en el seno de una familia de empresarios y les salió naturalmente. Otros comenzaron de la nada sin saber qué diablos hacían, pero se dejaron guiar por la vida, sus experiencias y así aprendieron mucho.



¿Cuál es tu caso? El tuyo es un caso único, nadie tiene tu historia, tendrás puntos en común con otros emprendedores, pero siempre habrá desenlaces diferentes para cada uno. Así que escribe tu propia historia. Te pondré un ejemplo de espiritualidad.


Yo soy estudiosa de Un Curso de Milagros, un recurso espiritual usado por muchos para encontrar la paz de Dios. Una maestra de UCDM, hablando de las decisiones, decía algo así: Nosotros tenemos fe de que hay una fuente de amor superior que nos guía, pero eso no quiere decir que no hagamos nada, tomemos decisiones y de ahí se desprenderá todo lo demás, incluyendo la guía de Dios.


En otras palabras, haz lo que tengas que hacer y confía en que vivirás aquello que necesitas para llegar a donde tu corazón desea. Si quieres hacerlo ¡hazlo! Después de todo, lo bueno y lo malo solo son interpretaciones, todo lo que ocurra es aprendizaje.


¡El fracaso es tu aliado!


¿Quién soy yo para decir qué es bueno o malo? Esas son etiquetas. Mi sugerencia es que dejes de ver el fracaso como el lobo feroz del cuento. Si tu negocio fracasa en tres años, algo habrás aprendido en todo ese tiempo. Y, créeme, muchos han tenido que fracasar a los tres años para experimentar la mejor época de su vida.


Todo depende de cómo vivas cada acontecimiento. ¿Para qué tener miedo de algo invisible? Si sigues percibiendo al fracaso con miedo, como una amenaza latente todo el tiempo, lo vas a experimentar así. La verdad es que es una experiencia como cualquier otra, a la que tú le pones el filtro que quieras.



Para algunas personas la peor experiencia que han vivido es la muerte de un ser querido. Para otros, aunque también se les murió una persona amada, su peor experiencia fue la humillación de un jefe, un divorcio, sufrir bullying, y así la lista podría ser interminable. Eso se debe a que todo pasa por nuestro juicio y este no tiene por qué ser la VERDAD.


En pocas palabras, el fracaso es lo que tú quieres que sea, yo te sugiero que lo hagas tu aliado para aprender de él. Como un curso intensivo o un anciano muy sabio.


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¡Bájale a las expectativas!


Para todo en la vida, lo mejor es vivir el presente. Eso no quiere decir que no tengas deseos, planes u objetivos. Claro que sí, pero no pretendas que todo se cumpla como tu mente idealista lo predice. Eso solo te traerá decepción cada día, por una sencilla razón: La vida no es 100% controlable, ni predecible. Tiene su buen componente de incertidumbre. Y eso es lo divertido ¿o no?


Déjate sorprender, deja el afán de perfección y ábrete a las experiencias. Si luego debes replantearte deseos, planes y objetivos ¡Enhorabuena! Estás viviendo la vida. Al emprender sucede lo mismo. No es diferente.



Por otro lado, y esto lo sabemos de sobra, estamos programados, predispuestos, tenemos preconceptos para todo, creencias limitantes, etc., etc., etc., Y todo eso, la mayoría de las veces, son factores nada fiables, por la sencilla razón de que se convierten en obstáculos. Por eso, créeme, hasta lo que crees que es tu gran sueño puede estar contaminado de miles de cosas que en el fondo no quieres.


Así que no importa si tus expectativas no se cumplieron, eso no es mal de morir. Lo importante es lo que realmente pasa y cómo lo vas a abordar para tu mayor bien.


En conclusión, toma tus decisiones, experimenta el hecho de emprender como mejor te ajuste, pero permítete vivir el proceso. Solo así, sabrás hacia dónde y cómo continuar el camino.

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