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Mosi Oa Tunya-El Humo que Truena | HDH 003

Updated: Nov 16, 2018

Mucho antes de llegar, se oye el trueno. Es tan intenso, que parecería que una manada de gigantescos animales, viene hacia tí. Si vences el miedo inicial, y continúas la marcha, tendrás ante tus ojos, uno de los espectáculos más fascinantes del mundo, origen de mitos y leyendas, desde la antigüedad, y parte de la historia que contaré hoy.


Me permito un pequeño "paréntesis geográfico". Las Cataratas Victoria, son mundialmente famosas. Se encuentran en el río Zambeze, en el límite entre los actuales países de Zambia y Zimbabue. Son las más altas del mundo, con 122m de altura y 1.6 km en su parte más ancha. Junto a ellas, está el famoso puente Victoria Falls, de 128 metros de altura, concebido por Cecil B. Rhodes, diseñado por Sir Ralph Freeman, quien también diseñó el puente de la bahía de Sidney, en Australia. Fue inaugurado en 1906, y atrae multitudes de turistas, no sólo por su belleza, sino porque es uno de los primeros donde se practicó el deporte llamado “pointing”. A él me une una historia familiar, muy querida, que contaré en otra oportunidad.


El siglo XIX fue pródigo en exploraciones y descubrimientos, alrededor del mundo.

Entre 1852 y 1856, el mundo perdió el rastro del explorador escocés David Livingstone, quien había salido desde Luanda, costas del Océano Atlántico, hacia el Océano Indico. El 16 de noviembre de 1855, con guias del pueblo Makoloto, llegó a las cataratas que los locales llamaban “Humo que truena” o “Trueno Humeante”, y que él llamaría “Cataratas Victoria”, en honor a la reina de Inglaterra. A falta de noticias, el periódico New York Herald, envió al periodista Henry Stanley a buscarlo. Lo encontró recién en 1871, a orillas del Lago Tanganyica, en la ciudad de Ujiji, inmortalizando la frase “Doctor Livingstone, supongo”.

Stanley volvió a Inglaterra en 1872, pero Livingstone se quedó. Murió el 1 de mayo de 1873, de malaria y disentería, en el pueblo de Chitambo, entonces Rhodesia del Norte, hoy Zambia. Tenía 60 años, y había recorrido y explorado miles de kilómetros, por territorios de África Central y meridional. Médico y misionero, perdió a su esposa y un hermano, por las enfermedades tropicales. Se transformó en explorador, investigador, cartógrafo, experto en la flora y fauna africanas, clasificando gran cantidad de especies. Enemigo de la esclavitud, su personalidad era reconocida, aceptada y respetada en las regiones que visitaba, sobre todo, por su gran tenacidad a la hora de continuar sus viajes, pese a los riesgos o dificultades que pudiera encontrar. Al morir, su cuerpo fue conservado en sal, pues pasaría bastante tiempo, antes de llegar a Inglaterra, donde se lo enterró en la Abadía de Westminster. Pero, su corazón fue enterrado bajo un árbol, en África,como homenaje de un pueblo que lo consideraba un hijo propio del gran continente.

¡Hasta la próxima!¡ Nos vemos en la cima!