"Mi nombre es Bruno Díaz"

Updated: Aug 21, 2018

Este es el primer post de mi Blog, y seguramente pienses: Qué tiene que ver Batman con mi crecimiento personal?

Bueno, mucho en realidad, si sabes leer entre líneas.


Cuando somos niños todos queremos ser superhéroes y salvar al mundo...

En estos tiempos que corren, donde dependemos absolutamente de nuestra vida en red y donde la información sobre lo que pasa recorre tantos kilómetros en tan poco tiempo, muchos cambios se están manifestando, siendo la mayor cantidad de ellos, absolutamente positivos.

Sí, es cierto que hemos modificado paulatinamente el enfoque de nuestra exposición a esto que llamamos vida, dejándonos ir de a poco y cambiando nuestras costumbres cotidianas y la forma en que interactuamos con el mundo, por nuevas opciones que nos ofrecen un alcance mucho mayor, con acceso a muchísima más información y personas con quienes interactuar, al costo de volvernos cada día más autónomos y menos dependientes de quienes nos rodean a diario.

Podría enumerar un sinfín de aspectos negativos de este cambio de vida por el que nosotros estamos pasando y en el que las nuevas generaciones están creciendo, pero la realidad es que por cada uno de ellos, puedo nombrar cuatro o cinco positivos en contraste.

Y es en uno de esos aspectos positivos en particular en que quiero enfocarme:

El hecho innegable de que el casi ilimitado acceso a información, ha vuelto a la sociedad más consciente, más empática y más solidaria con el mundo. Al menos mientras la exposición a un problema determinado se mantiene.

Permítanme explicarme.

Solo se requiere abrir Facebook o Twitter en nuestros celulares o computadora y dedicar unos minutos al “inicio” para entender de qué estoy hablando. Vamos a encontrarnos con decenas o cientos (dependiendo de la cantidad de contactos/seguidores con los que se cuente) de personas de diferentes localidades o países, religiones, creencias o afiliaciones políticas (quienes es altamente probable que no se conozcan entre sí), todos militando por ese pobre perrito abandonado, que todos vimos en esa foto que medio mundo compartió. Todos sufrimos por un terremoto en Japón, o algún hecho de violencia en alguna parte del mundo. Todos fuimos Charlie Hebdo (“Je suis Charlie”), todos nos solidarizamos con los refugiados sirios (y lo seguimos haciendo) o con Francia, después de los ataques en Paris en 2015.


Y está bien. Muy bien.


Por supuesto que hay gente que critica esto, argumentando que todo el mundo llora por los cientos de niños muertos en el conflicto en Siria, pero nadie se acuerda de los miles que fallecen a diario en conflictos similares en países africanos, o por los fallecidos en París el 13 de Noviembre de 2015, pero no por las víctimas en Beirut un día antes, por ejemplo.

Y eso es verdad, pero tiene una explicación.

La realidad es que el hecho de que mucha gente haya cambiado su imagen de perfil de Facebook por una imagen con los colores de Francia, o que otras hayan compartido esa foto tan triste de los niños sirios que todos vimos, o militado en contra de la caza anual de delfines en Taiji (Japón), por nombrar algunos casos, nada tiene que ver con “seguir una moda”, o “tener el cerebro lavado por los medios”, o ninguna de las causas que nadie pueda esgrimir en su contra.

La palabra clave que responde a esto es EXPOSICIÓN. Y la variable que define nuestro interés a lo que sea que nos expongamos es el TIEMPO.

El hecho de que hoy en día tenemos acceso a mucha más información que antes hace que estemos expuestos a muchísimas situaciones que antes simplemente desconocíamos. Y es el tiempo que esa exposición dura lo que determina cuanto más “militantes” nos volvemos con y por esa causa en particular que tanto nos conmovió.


R.D.Congo, 2017

Podríamos analizar los motivos detrás del por qué se nos expone más a algunos hechos que se dan en el mundo, que a otros, pero eso es tema de otra columna.

Lo que importa es que nos hemos vuelto más humanos, a nivel colectivo. O al menos hemos aprendido a expresar más nuestra buena voluntad y afán de cambiar las cosas para bien.

Es como cuando vemos en TV, un documental sobre la hambruna en Somalia o los niños soldados en Congo. La gran mayoría (sino todos) quienes vean ese programa, van a pensar “¡Pobrecitos! ¡Que horrible lo que pasa en el mundo! ¿Por qué nadie hace nada?”. Y tan pronto como el programa acaba y dejamos de estar expuestos a esa realidad, nos olvidamos.

No quiere decir que el problema haya dejado de existir, o que nuestro sentimiento al presenciar tales atrocidades haya sido falso. Simplemente, el tiempo de exposición a esa problemática no fue el suficiente para convencernos de hacer algo al respecto.

Exposición en un período de Tiempo, esa es la clave.

Es como funcionamos.

Depende de nosotros “reprogramarnos” para poder permitirnos involucrarnos más, cualquiera sea la causa. Si bien es algo bueno que durante cuarenta minutos (o lo que dure el programa que estamos viendo), o durante varios días (o el tiempo que la noticia que sea esté en boca de todos), estemos concentrados en una causa y realmente queramos “un mundo mejor”, de nada sirve si no nos involucramos de otro modo que no sea involuntario. ¿Y qué nos detiene? Simple. Nuestro subconsciente no entiende que ese mundo que vemos en TV o e Facebook, es el mismo en el que vivimos. Y es esa distancia que nos parece tan lejana, la que hace que no consideremos de forma seria ninguno de esos problemas. Simplemente nos limitamos a “¡Qué feo que pasen esas cosas che!” y cambiamos el canal.

Lo bueno es que en el mundo, y gracias a la distribución masiva, instantánea, y global de la información, cada día más hay más gente comprometiéndose de forma efectiva a hacer una diferencia, cualquiera sea la causa.

La gente sabe que existe Naciones Unidas, pero la realidad es que desconoce que hay cientos de organizaciones con miles y miles de personas de todo el mundo dedicando sus vidas para ayudar a mejorar las vidas de otros, en lugares tan remotos como Nepal, Siria o Congo. Organizaciones tan grandes como el Comité Internacional de Rescate (IRC), o Save the Children o Médicos sin Fronteras, o más pequeñas como Coopera (España) o Fundación Give Hope (Uruguay).


R.D.Congo, 2015

Cuando somos niños todos queremos ser superhéroes y salvar al mundo (de hecho creo que aún de adultos todos queremos lo mismo). Al crecer nos olvidamos de ese sentimiento. La vida de adulto, nuestras responsabilidades y nuestro entorno son factores que hacen que sea muy difícil prestar atención a lo que le pasa a otros, y sólo abrimos los ojos cuando alguna noticia sobre algún hecho horrible en el mundo sale a la luz y tiene exposición masiva.

Como cuando vemos emocionados la triste historia de ese niño cuyos padres fueron asesinados frente a sus ojos, momento en el cual, por pura empatía, y tan sólo por un instante, nos sentimos Bruno Díaz.


La verdad es que quizá nunca logremos alcanzar el sueño de ser Batman, pero eso no debería limitarnos a, al menos, intentarlo.

Después de todo, querer ser una mejor persona no debe ser tan malo...


>>No olvides dejarme tu comentario! Nos vemos en la cima!

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