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La Regla de Los 90 Segundos Para Evitar el Drama

Muchas personas tienen, o bueno digamos tenemos, la costumbre de dramatizar todo más allá de la cuenta, exaltar todo lo que nos pasa y llevarlo a límites absurdos. ¿Por qué lo hacemos? Porque no sabemos controlar nuestras emociones, y aunque parezca difícil no es imposible.


Existe una respuesta automática frente a ciertos estímulos y no podemos evitarla, lo que sí podemos controlar es cómo nos afecta eso después. Comúnmente se dice que nos levantamos con el pie izquierdo cuando todo en el día marcha mal, un suceso tras otro hacen que el día sea un perfecto caos. La responsabilidad no la tiene el mal afamado pie izquierdo, si no que la tiene la mala costumbre de alargar lo que apenas dura 90 segundos.


¿De qué estoy hablado? Simple, la duración real frente a un estímulo determinado es de tan solo 90 segundos.

Si algo te provoca enojo, por ejemplo, y a raíz de eso tu día se ve desperdiciado déjame decirte que la permanencia de ese estado es tu responsabilidad absoluta.



Según la neuroanatomista Jill Bolte Taylor los químicos de la respuesta automática que tenemos duran 90 segundos, por lo tanto una vez pasado ese tiempo es nuestra decisión seguir, o no, rumiando el mismo tema. Por supuesto que es inevitable no sentir, no depende de la razón sino que es un tema biológico, pero perpetuar esa reacción es una decisión racional.

Hay algunos truquitos para bajar las aguas y evitar que esos segundos se conviertan en horas o hasta en días.


Le primero claro es ser consciente de esta información, entender que nada escapa de tus manos, que sí se puede elegir y contener. No importa qué emoción negativa sea, frustración, ira, vergüenza, celos, miedo, envidia es posible no sentirla por más de lo necesario.


Ahora bien, veamos qué podemos hacer cuando esto suceda.


1. Aceptarlo.


Puede parecer tonto, pero tratar de evitar sentir es un error tremendo que siempre cometemos. La solución no está en evitar si no en controlar. Entender que nuestra mente está programada de esa forma, por ejemplo sentimos miedo porque nos quiere proteger del peligro y así mantenernos a salvo. Pero sabemos que con el miedo no avanzamos y hay que cambiarlo.


2. Analizar


Una vez que aceptamos que las emociones no se pueden cambiar ni evitar, debemos analizar por qué suceden. Lo ideal es hacerlo de la forma más objetiva posible, como si lo viésemos de afuera. Tomarnos un tiempo para visualizar la situación donde nació la emoción y encontrar qué la desencadeno. Por ejemplo, la envidia que es un mal mayor y lamentablemente común, podemos apaciguarla ni bien nace. ¡Qué envidia me da el auto que tiene mi vecina! Seguramente se endeudó o consiguió el dinero de forma ilegal... y un sinfín de suposiciones nada favorables. En lugar de pensar así, lo más sano es reconocer que seguramente ella este haciendo algo que vos no, trabaje más duro y así lo haya podido tener. Tal vez ahorro durante 2 años mientras vos despilfarrabas el dinero en salidas. No pensemos mal del otro para evitar no reconocer que no estamos dando nuestro mejor esfuerzo.


No uses mascaras, reconoce tus puntos débiles



3. Cuestionar ¿de dónde proviene?


Saber identificar de dónde nace ese sentimiento. Ver que a la otra persona le va mejor refleja nuestras inseguridades, alguna capacidad mayor tendrá que lo logró antes que yo. Y no es así. Simplemente usó un método distinto y en lugar de perder tiempo envidiando, alargando esos 90 segundos, emulemos lo que hizo. Investiguemos de dónde nace la inseguridad y cuáles de nuestras acciones nos hacen demorar el alcanzar las metas.


4. Plan de acción.


Sigamos con el ejemplo del auto. Si mi vecina pudo, ¿por qué yo no? ¿por qué siento envida? ¿será que creo que no puedo lograrlo? Por más que ella se compre 10 autos iguales si sigo haciendo lo mismo, no voy a comprarme ni uno, por ende ¡a no perder más tiempo! Averigua qué hizo ella para lograrlo y cambia tu plan actual.


5. Cambiar dominación por control


Si aprendes a cambiar el foco las emociones ya no te van a controlar, así vas a ver todo con más claridad. Recordá que son solo 90 segundos, ¿quién no puede controlarse por 90 segundos? La próxima vez que reacciones tené presente esta información.


Tan solo 90 segundos reales, el resto es solo drama innecesario de enojos, celos, rabia, envidia, miedo. No te dejes controlar.


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