La Capacidad Más Increíble Que Tenés [y no lo sabías]

Updated: Oct 17, 2018

Muchas veces la vida nos golpea tan duro que sentimos como nuestro interior se desmorona, se destroza en mil pedazos. Lamentablemente creemos que aceptar y declarar: estoy mal, es mostrar debilidad. La debilidad es no tener fuerzas ni valor para superarlo.


Como no deseamos que nadie nota que podemos flaquear un poco, adoptamos la costumbre de fingir una sonrisa constantemente, por fuera somos grandes, por dentro solo quisiéramos abrazarnos a la almohada y llorar, llorar mares y penas, limpiar todo ese dolor, sangrar las heridas. Y queremos gritar, romper, enfurecer el alma dolida y abandonarlo todo.



¿Qué camino debo tomar?


¿Qué tengo qué hacer?


¿Por qué nadie me escucha, por qué nadie me abraza, porque nadie me dice qué hacer?


Sentís cómo tu luz se va apagando, debilitando. ¿Y qué hacer? ¿Es qué nadie ve que sufro, que mis ojos lloran de dolor cada noche? ¿Nadie va a ayudarme?


El silencio lo responde todo, no hay nadie a tu alrededor, aunque esté lleno de gente, porque la única persona con el poder de salvarte sos vos.


Y ahí, de todo ese dolor, ese caos, esa destrucción es que nace un sentimiento de supervivencia, unas ganas locas de seguir y la determinación de que sin importar cómo ni dónde ni cuándo, vas a salir, vas a seguir. Descubrimos que somos resilientes, que tenemos la capacidad maravillosa de renacer y reconstruirnos.


Descubrimos que somos resilientes.

Cuánta magia esconde esta bella palabra, paradójicamente muy desconocida pero tremendamente aplicada. Somos resilientes. Somos supervivientes de nuestra propia historia. Somos un ave fénix renaciendo de nuestras cenizas.


Pero, ¿qué es exactamente la resiliencia? Vayamos a la fuente, según la Real Academia Española es la:

“Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”.

Capacidad de adaptación.


Hace un tiempo en un libro*, que me ayudó mucho, encontré una frase que hizo bastante eco en mí: “no puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear” y creo que la capacidad de surfear va de la mano con la resiliencia.



Hay situaciones que no podemos evitar, no podemos tener control sobre todo, pero sí elegir qué hacer en ellas, si ahogarnos o surfear. Surfear es adaptarse, es bailar con las olas sin oponer resistencia, fluir entre el agua. Cuando ponemos resistencia estamos gastando una energía muy importante y mal enfocada, aunque no debemos confundir este concepto, fluir no es dejarse simplemente llevar por la corriente, eso es entregarse a los problemas y resignarse; fluir, surfear, es adaptarse al entorno, superarlo y salir de él más fuertes.


Resiliencia es la capacidad de adaptarse, de sobreponerse a las tormentas y ver el sol con más fuerza que nunca.


La vida puede golpearnos tan duro como quiera, y sangraremos de dolor las veces que sea necesario. Nos desgarraremos el corazón y sentiremos que hasta los huesos se nos parten, pero hay algo que tiene que quedar bien claro, muy claro, y es que no importa la fuerza del viento que quiera derrumbarnos, jamás vamos a perder la capacidad de ser resilientes.


Jamás vamos a rendirnos.



>>Nos vemos en la cima! Espero tus comentarios.


* Mindfulness en la vida cotidiana, Donde quiera que vaya, ahí estás.

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