El Dinero No Compra La Felicidad

Hoy quiero compartir contigo una pequeña reflexión sobre la que es a mi criterio una de las más ridículas frases del discurso políticamente correcto: "El dinero no compra la felicidad".


Lo extraño es que todos sabemos, al menos intelectualmente, que el dinero no va a comprar la felicidad. Pero desafortunadamente, hemos estado inmersos en una cultura tan fuertemente mediada que hemos empezado a creer en mentiras. Los coches, las casas, las cosas: "living the dream" (como le dicen en Estados Unidos) nos hará felices. Pero, por supuesto, esto no es cierto.

Lo contrario, sin embargo, tampoco es cierto. Una vida de pobreza, una vida de privación perpetua, tampoco es feliz.


La realidad es que no hay nada intrínsecamente malo en el dinero, así como no hay nada innatamente malo en las posesiones materiales o en trabajar 8 horas. Todos necesitamos algo, y todos tenemos que pagar las cuentas, ¿verdad? Es solo que cuando ponemos el dinero y las posesiones en primer lugar, perdemos de vista nuestras verdaderas prioridades. Perdemos de vista el propósito de la vida. ¿Pero adivina qué? Una persona que tiene mucho dinero, no piensa de esa forma. Una persona pobre, si.


Pensemos en algunos de los valores más importantes de cualquier ser humano: amor, honestidad, integridad, humildad. Nada de eso se compra con dinero.


Pero la falta de dinero no te hace más propenso a encontrar amor o a ser honesto o íntegro ni mucho menos a ser feliz.

"El dinero no compra la felicidad".

Esa frase, como muchas otras del estilo, solo las usan quienes buscan una excusa para no trabajar más fuerte, o no ponerse metas más altas, o no querer ser más de lo que tienen enfrente. Quienes existen para "vivir el momento como viene, tener hijos, pagar cuentas y morirse". O quienes simplemente están ahí para criticar a quienes buscan algo más.


Quiero aclarar que yo no creo que ninguna de esas opciones sea naturalmente mala, ya que cada quien elije lo que quiere ser en su vida, pero no comparto la crítica a quienes eligen esforzarse para lograr tener algo más que el resto.


¿Y sabes por qué digo ésto?

Porque estoy seguro de que el 100% de quienes critican a alguien que tiene un mejor auto, o una cuenta en el banco más abultada, o viaja más... no se quejarían si esos bienes fueran suyos. Dirían algo como: me lo gané honestamente (como si todos los demás que han conseguido algo en la vida fueran delincuentes).


Todo el mundo, independientemente de su situación económica o social, quiere algo más de la vida. Lo digan o no. Piensa en todas las personas que en algún lugar del mundo, en algún momento, ganaron la lotería.

¿Cuántos de ellos crees que donaron todo ese dinero porque "el dinero no compra la felicidad"?


El dinero no compra la felicidad, pero la pobreza tampoco.

Permíteme decirte algo que quizá no entiendas: Nada que nos cueste un esfuerzo real no tiene un beneficio. En otras palabras: Lo que cuesta, vale.

Y tu cuenta en el banco corre bajo las mismas reglas. Mientras más esfuerzo hagas para hacerla crecer, mayores van a ser los beneficios que obtengas.


El dinero (tener mucho o poco) NADA tiene que ver con nuestra capacidad de ser felices o buenas personas. El dinero no es más que una herramienta. Y debes aprender a usarla correctamente. Darle al dinero poder más allá del que tiene como tal (esto es, la capacidad de ser intercambiado por otros bienes), es culpa de el hombre, no del dinero en si.


No, tener mucho dinero no compra, ni hace a la felicidad... pero estar quebrado y con deudas tampoco.

Pero tener libertad económica puede darnos estabilidad y la capacidad de enfocarnos en cosas más allá de nuestras necesidades básicas.

La falta de esa estabilidad sólo nos estanca en las preocupaciones diarias del ¿qué comer? o ¿qué techo me va a resguardar?


Y seamos honestos: No se puede ser feliz si nuestros hijos pasan hambre, si nos persiguen nuestras deudas, o si tenemos la certeza de que no vamos a poder alcanzar nuestras metas, porque nuestra capacidad económica no nos lo permite.

La sociedad está al revés: celebra la pobreza y la escasez y critica y condena la ambición. Como si ser una persona ambiciosa fuera algo malo.

No seamos hipócritas.


Así que no permitas que nadie se te acerque con la bobada de criticar tus ambiciones sólo por el hecho de que puede hacerlo. Está bien reconocer que queremos algo más de la vida y que estamos dispuestos a luchar por alcanzarlo. Nunca te avergüences de ello.


Recuerda esta célebre frase:


"El dinero no compra la felicidad, pero yo prefiero llorar mis penas sentado en mi Ferrari." Anónimo.


Un clásico!


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