El día que el señor “Plan” y la señora “Fluir” se conocieron

Si eres una persona extremista que no acepta que dos ideas o modos de vida se pueden fusionar, mejor no sigas leyendo, esto no te va a gustar. Si te quedas, quiero que sepas que te voy a contar, sencillamente, una historia de la vida real y que me ha ocurrido a mí. Cada quien experimenta la vida desde su bagaje emocional. Este que voy a revelar es el mío.



Contradicción mental


Confieso que estos últimos años me mantuve en una total confusión. He seguido dos corrientes de pensamiento, aparentemente contrarias. No me terminaba de entregar a ninguna de las dos. Por un lado, estudié mucho la mentalidad de objetivos, metas, planificación, esfuerzo, organización, etc. Y por otro, me dejaba seducir por una onda más espiritual del desapego, la meditación, el dejarse llevar, la aceptación de lo que es, el abandono del ego, la simpleza, etc.


¡Vaya confusión! Mi cabeza no paraba de cuestionarse ambas mentalidades. ¿A quién creer? ¿Por cuál decidirme? ¿Qué dice mi corazón? ¿Qué dice mi razón? ¿En cuál de las dos soy más yo? Ese ruido mental transcurría, mientras el tiempo implacable seguía pasando sin que yo terminara de “encajar” en ninguna de las dos.


Cuando la mente se sumerge en una batalla (cosa que sucede la mayoría del tiempo) se despierta un estado de ansiedad que termina manifestándose en diversas formas de sufrimiento (enfermedad, estrés, depresión, falta de claridad, etc.).


Muchas oportunidades surgen delante de nuestros ojos y, sobre todo, nuestra alma dice a gritos lo que quiere, pero nada eso podemos ver. Sencillamente, hay mucho ruido mental y mucho autoflagelo como para poder ver o escuchar nada sensato. ¿Quién puede vivir una vida plena y feliz así? Ya sabes la respuesta.


El poder de la acción


Incluso cuando creemos que estamos escuchando algo importante, en realidad, seguimos cuestionandonos a nosotros mismos. Cuando hay cuestionamiento, nada puede integrarse como aprendizaje. Cuando hay autocastigo, nunca podremos ver las maravillosas oportunidades que se ponen delante.



Hay algo que pone un “stop” a la fuerza centrífuga del pensamiento que no para nunca y que, sin darnos cuenta, nos roba mucha energía. Ya lo he dicho muchas veces en otros artículos, eso que nos saca de la indecisión, la duda, la contradicción y el cuestionamiento… es la acción. Una acción tiene más poder que un pensamiento, porque es la acción la que construye la trama de nuestra vida realmente. Y, bueno, claro que todo empieza con un pensamiento, el problema es que no somos selectivos y la mayoría de ellos son una invitación a la cháchara (conversación sin sustancia, superficial), no a la acción.


Porque la cháchara es muy fácil, nos hace satisfacer un deseo inmediato de “hacer” lo correcto. Por eso, hay mucha más gente hablando de cosas importantes, que gente haciendo cosas importantes. Y, en gran parte, ese era mi problema, yo estaba escuchando una gran cháchara de un montón de gente y repitiéndola como loro. Pero, en el momento cumbre de la acción, yo no daba el paso.


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Lo que vemos y escuchamos en internet, por ejemplo, es un montón de cháchara y uno que otro contenido de calidad (sustentado en la experiencia). Y por muy exitosa que sea la persona que tenemos en frente, simplemente, no estamos experimentando sus resultados, ni presenciando sus acciones (que dicho sea de paso es imposible). Nos toca a nosotros ponernos en acción y ver qué rayos es lo que nos funciona. Dejar de ser espectadores y asumir el rol de protagonistas.


¡Al diablo todo! ¡A callar!


La mejor solución es dejar de buscar cháchara o testimonios que te digan cómo triunfar. Hay momentos en que hay que hacer silencio. Escuchar la propia voz (nada fácil de encontrar con tanto ruido), sincerarse con uno mismo y actuar sin pensarlo demasiado (ya sabemos que el pensamiento nos mete en una espiral sin fin). Jamás sabremos lo que nos funciona si no tomamos una decisión y actuamos.


La vida puede transcurrir entre movimientos erráticos, falta de foco y confusión y, sin embargo, nuestra cháchara mental nos puede convencer de que estamos bien, y que estamos haciendo lo correcto. Aunque, en el fondo, sabemos que no estamos llegando a ningún lugar, seguimos dando vueltas en círculo. Hasta que algo nos saca de ahí y ¡al diablo todo! Silenciamos la mente y nos ponemos en marcha. Ese es el día “milagroso”.


El día que el señor “Plan” y la señora “Fluir” se conocieron



En realidad no fue un día solamente. Se habían conocido antes, en un breve momento, y luego se siguieron viendo esporádicamente en encuentros fugaces, aunque verdaderamente agradables. Pero, hubo un día en que se comunicaron en serio y trabajaron juntos, creando ese bienestar, ese equilibrio que yo tanto estaba buscando.


Para ese entonces entendí que mis días debían tener estructura, un plan para poder cumplir con lo que deseaba. Y, por otro lado, sabía que no podía ser un plan rígido. Necesitaba sentir que actuaba y avanzaba, que podía crear sentido en mi vida, pero al mismo tiempo sentir que los días fluían a pesar de los obstáculos o los baches del camino.


Y, entonces, hice un plan. En ocasiones anteriores, los planes que yo hacía no contemplaban que la vida es dinámica. No entendía que mi mente estrecha no podía prever lo que iba a ocurrir en cada momento. Parece como si a veces planificáramos con extremo control y la vida no es, casi nunca, predecible. Entonces, el plan nunca iba cumplirse y la frustración iba a aparecer. Cuando la frustración aparece, el avance se detiene y corremos el riesgo de que lo haga para siempre.


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Esta vez no me obsesioné con el plan, era casi como cualquier otro que había hecho, solo que esta vez lo puse en práctica sin tanta ansiedad, permitiendo que algunas cosas cambiaran. Aceptando que no siempre mi día transcurriría como mi mente estrecha se imaginaba. Por fin, el señor “Plan” y la señora “Fluir”, tan famosos los dos, tan útiles, tan de boca en boca, se enamoraron y formaron una pareja de lujo. Las metas se cumplían sin tanto afán y yo me sentí libre, por primera vez. Esa era la fórmula.


Parece que el punto medio era la clave, pero estaba demasiado ocupada en la cháchara como para permitirme verlo. Comprendí que el éxito no es lo que me contaban, sino lo que yo misma experimentaba como tal. Para mí, el éxito es ese viaje donde hay un plan, pero que si se presenta un hecho inesperado, el mundo no se derrumba. El viaje no pierde su magia y sigue desarrollándose.


Esta vida está llena de opuestos y los seres humanos queremos situarnos en uno de los dos. Pero, la clave del éxito es, precisamente, integrar los opuestos. De eso se trata el equilibrio. En ocasiones, lo más simple es lo más complicado de ver. Sin embargo, lo simple sigue siendo simple… a pesar de nuestra interminable cháchara mental.


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