Cuando Los Lobos Se Disfrazan De Cordero

Updated: Dec 2, 2018

La vida no es un camino llano, hay partes de ella que son abruptas. Está repleta de eso que llamamos obstáculos o adversidades. Nadie está libre de ellos. Todos, en mayor o menor medida, tenemos nuestro pedacito de tormento.


El problema en todo caso no es tener estas dificultades en nuestra vida, sino la manera en que las enfrentamos. Las asumimos como sinónimo de dolor, porque -de hecho- duelen. A veces mucho, a veces poco. Esto hace que las detestemos e intentemos huir de ellas, sin éxito.


Nuestra mente, que está programada para protegernos, siempre nos convencerá de que si nos mantenemos lo más lejos posible de las adversidades, estaremos a salvo. Pero, resulta que es todo lo contrario. Mientras más “a salvo” queramos mantenernos, más lejos estaremos de la vida de nuestros sueños. ¿Por qué? Simple, porque para avanzar en la vida y lograr aquello que anhelamos debemos enfrentar desafíos.


Y así me gustaría llamar de ahora en adelante las dificultades: DESAFÍOS. Recordemos que la palabra es poder y emplear el lenguaje de forma negativa es una forma de materializar lo negativo. El lenguaje es creador de realidad. Si te interesa este tema, te recomiendo mi artículo “4 palabras que cambiarán tu vida para siempre”.


Los desafíos existen para que los trascendamos, no para que nos sintamos desgraciados. Nos hacen más fuertes, más sabios, más astutos y avezados. Muchas personas de éxito han pasado por los desafíos más grandes que te puedas imaginar. Porque todo lo que queremos en la vida está más allá de la comodidad, la estabilidad y la monotonía.


La mayoría –me incluyo- huye de los desafíos porque implican, precisamente, salirse de la zona de confort. Sin embargo, lo que ignoramos es que tarde o temprano el desafío aparecerá. Cuando esto ocurre, cuando el desafío nos toma por sorpresa, cuando viene a nosotros sin que lo hayamos llamado, entonces todo puede ser mucho más amargo.


Cuando no buscamos el desafío, es decir, no decidimos enfrentarlo con valentía; este llegará en forma de accidente, imposición o, peor aun, disfrazado de cordero. Se me ocurren varios ejemplos que pueden ilustrar muy bien lo que estoy diciendo. Veamos a continuación algunos de los más comunes.


Estancamiento en las finanzas


¿Quién no se ha sentido estancado en sus finanzas? La mayoría de las personas no son ricas y viven con muchas limitaciones económicas. Todos deseamos recibir más dinero, pero sin tener que desplazarnos hacia otro lugar físico o emocional. Es decir, esperamos que ocurra un milagro, que la vida nos sorprenda o que nos llegue una oportunidad de oro sin mover el trasero. Normal, es lo que nuestra mente nos dice, que nos mantengamos “a salvo”.


Un día, mientras navegamos en internet, vemos un anuncio rimbombante. La publicidad (de origen dudoso) nos dice que ganaremos miles de dólares con solo hacer dos clics (el lobo disfrazado de cordero). La adrenalina sube y pensamos que esa podría ser nuestra gran oportunidad. Nos vamos de cabeza detrás del “oro” y ¡zas!, resultó ser una estafa. Nos quitan nuestro dinero y nuestro tiempo.



Ahora no solo tendremos que lidiar con una situación económica precaria, sino con la pérdida de dinero y tiempo que pudimos invertir en el camino largo. Si antes nos iba a costar movernos de una situación complicada hacia una anhelada, ahora tocará salir del fondo del pozo.


¿Cuál hubiera sido el camino largo? Prepararnos para emprender, recibir mentoría en finanzas, esforzarnos por crear nuestro propio negocio o prepararnos para un mejor trabajo. Sin duda, llevaría más tiempo, tendremos que movernos del sillón y salir a buscar nuestra mejor versión. Requeririría disciplina, perseverancia y valentía, pero también nos traería prosperidad económica.


Soledad amorosa


La soledad en sí misma es un desafío y, como tal, nos encanta huir de ella. Es un tiempo que deberíamos aprovechar para sacar nuestro máximo potencial. Sin embargo, la mayoría no lo ve así. Creemos que necesitamos a alguien que nos “complete”, que nos haga sentir mejor con nosotros mismos. Anhelamos un amor de ensueño. Las mujeres, por ejemplo, esperamos un superhéroe que con sus súper poderes nos rescate del dolor o un príncipe que nos haga sentir como diosas.


El problema es que para que llegue un hombre con esas características, nosotras debemos primero ser una súper heroína que se rescate a sí misma del dolor y una princesa que se trate como diosa. El tiempo de soledad puede prepararnos para ello. Pero, preferimos irnos con cualquiera que nos dé un poco de atención. Vamos tras él como moscas a la miel, lo idealizamos y creemos que es nuestra oportunidad de salir del foso.


Resulta que con el tiempo ese hombre nos trata mal, con indiferencia, nos es infiel y nos deja por otra. Resultó ser un lobo disfrazado de cordero. Claro, el desafío se duplicó. Ahora no solo tendremos que lidiar con nuestros propios monstruos, sino que tendremos que superar una terrible y dolorosa experiencia. Aun así, algunas mujeres reanudan la búsqueda y, para tapar este dolor, se vuelven a ir por el camino corto: otro patán.



¿Cuál es el camino largo en este caso? Aprender a amarnos a nosotras mismas. ¡Todo un desafío! Pero, ¿qué es preferible? ¿Pasar la vida en sufrimiento o enfrentar un solo dolor y triunfar? ¿Qué precio preferimos pagar? El camino corto siempre será más costoso.


En pocas palabras, si no enfrentas el desafío de evolucionar por voluntad propia, este se presentará en forma de lobo disfrazado de cordero. El universo no falla, siempre querrá que aprendas la lección. Tú eliges cómo la quieres aprender, pagando el precio del camino largo o el precio del camino corto.


Yo me fui tantas veces por el camino corto y aun me sigue tentando, pero estoy consciente de las implicaciones y en base a eso tomo mis decisiones. Estoy dispuesta a pagar el precio, ahora quiero asumir el desafío de crecer, madurar y ser libre. Porque ahora sé que la vida no tiene atajos.


Y tú, ¿has escogido el camino corto alguna vez? Cuéntame.

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