Como manejar el enojo con este sencillo truco

Vivimos en un mundo acelerado, que nos tiene corriendo de un lado a otro todo el tiempo y a veces tomar una pausa parece más difícil que las misiones imposibles de Tom Cruise. Pero si no sos Cruise y no tenés que saltar de un edifico en llamas, puedo asegurarte que sí podes tomar una pausa, porque cuando vivimos a un ritmo tan acelerado hay pequeñas cosas que se nos escapan y causan catástrofes, como por ejemplo aprender a controlar el enojo.


Si mi vida, mis horarios, mi rutina, mi trabajo, mi pareja, mi familia son un estrés constante de aceleración solo puedo lograr acumular pequeñas cantidades de enojo diario, enojo que era estrés, enojo que un día va a estallar. Como sabemos hablar desde el enojo no es nada bueno, porque solo sale aquello que pueda ser dañino.



Ahora bien, la teoría es una y la realidad otra, así que ¿cómo hacemos para controlar el enojo?


Hoy voy a citar un ejercicio del psicólogo y escritor Gabriel Cartaña que lo explica perfectamente. Lo primero que tenemos que entender es que el enojo es un sentimiento y como tal es imposible no sentirlo, si tratamos de evitar enojarnos, de eliminar el enojo de nuestras vidas solo vamos a fracasar. El cerebro no entiende el idioma en negativo, es decir que al cerebro no se le puede pedir que no haga algo. Si le pedimos a alguien que no se enoje, probablemente se enoje aun más, porque es imposible no enojarse.


El enojo provoca en nuestro cerebro una especie de nubarrón que no permite ver con claridad lo que está pasando, y eso hace que todas las situaciones sean el doble o hasta el triple de graves de lo que en verdad son. Para tomar decisiones consientes, y no como resultado de un ataque de enojo, es obligatorio esperar que ese enojo baje, que todo se enfríe y vuelva la calma.



Decirlo es más fácil que hacerlo, ¿no? Seguramente te estés preguntado, ¿cómo lo hago?


Las personas no venimos con un botón de desactivar sentimientos, pero lo que sí podemos hacer es aprender a controlar su duración e intensidad, como es el caso del enojo.

Como dije antes el cerebro no funciona en negativo, por ende es imposible no enojarse, lo que sí es posible calmarse después del enojo y saber cuándo actuar. Para entenderlo vayamos directo al ejercicio.


Lo ideal es que alguien te guíe y lo vaya diciendo paso a paso, y luego vos podes hacérselo a otra persona, pero si no te es posible, no te preocupes lee todos los pasos lentamente y vas a entenderlo de todas formas.


Empecemos: (Si te es posible cerrar los ojos y oír el ejercicio, mejor, sino simplemente vamos a leerlo paso a paso)


1. Imagina que estás en un campo verde, el sol brilla alto en el cielo y ves un árbol.


2. Te acercas a ese árbol de tronco grande (quiero que imagines los detalles del árbol, la textura, el color, el tamaño) y al mirar para arriba ves que tiene muchas ramas grandes, de esas ramas nacen más pequeñas, y de esas muchas hojas.


3. Quiero que mires la copa del árbol desde abajo, la luz del sol que se filtra por entre las hojas, el viento que las mueve. Ves las ramas y sobre una de esas ramas quiero que no veas al mono que está sobre ella.


¿Viste al mono? La mayor parte de la gente luego de hacer este ejercicio ve al mono. Y el resto, o sea quienes no lo ven, en realidad lo que hacen es pensar en el mono y quitarlo de la escena, por eso “no lo ven” pero para no verlo antes tuvieron que verlo. Esto es porque al cerebro no se le puede pedir que no haga algo. El mono en este caso es el enojo. Si no queremos enojarnos no basta con pensar “no quiero hacerlo” hay que tener un pequeño cambio de estrategia, y lo vamos a ver en la siguiente parte del ejercicio.



4. Volvemos al campo, y al lado del árbol que ya conoces ves un lago. El sol brilla sobre la superficie y el viento suavemente acaricia la orilla.


5. En medio del lago ves que hay un hipopótamo de color rojo, con lunares amarillos siendo cabalgado por un enano alvino de sombrero en punta.


¿Viste al mono? ¿Qué pasó con el mono? Simple: al no pensar en él, desaparece. Con el enojo pasa igual, si buscamos una distracción, dejamos de pensar en el enojo, este se calma y luego nos damos cuenta de lo más importante: no es tan grave.


Sin enojo, las situaciones no son tan graves como parecen, pero con enojo todo parece mucho peor. Por eso la próxima vez que veas que tu nivel de enfado está subiendo y subiendo, poné una pausa y calma la mente con otro pensamiento distinto.


Espero tus comentarios, ¿qué te pareció este ejercicio? Compartelo con alguien que lo necesite!


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¡Nos vemos en la cima!

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