Cómo deshacerte de la Culpa

Updated: Oct 17, 2018

Es tu culpa. Esto es TU culpa. Aquello es TU culpa. Lo otro es TU culpa. Todo es tu culpa.

Alguna vez en tu vida lo escuchaste, ¿verdad?

Tu pareja, tu jefe, alguien cercano o no, algún familiar seguramente te lo dijo, aunque sea una vez. Desde tu infancia probablemente lo estés escuchando. Es tu culpa. Quizás cuando apenas contabas 6 o 7 años de vida, recordás como alguien, tu mamá o tu papá, por ejemplo, te dijeron “no hagas tal cosa”, pero la curiosidad te ganó y te subiste a ese árbol, o tocaste eso que no debías y el resultado no fue bueno. Te caíste del árbol, o la lampara se rompió y fue TU CULPA. En lugar de consuelo por esa rodilla lastimada, lo que encontraste fue más culpa, por no haber hecho lo que te ordenaron.


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Es tu culpa. Esto es TU culpa. Aquello es TU culpa. Lo otro es TU culpa. Todo es tu culpa.

Te pasaste horas y horas estudiando sin parar para aprobar ese examen, pero lo reprobaste, algo estuvo mal, fue tu culpa.

Esa relación se fue a la basura, y tu ex (o actual) te dijo: fue tu culpa. Y te regaló una lista de razones casi infinita, por las cuales vos y solo vos tuviste la culpa de que no funcionara.

Bien, casi desde siempre nos acostumbramos a aceptar esa culpa y a pedir perdón.


Sin embargo, hoy voy a contarte algo: la culpa es una elección.


Me atrevo a ir más lejos: la culpa es tu elección.

¿Decís que no?


La culpa más que un sentimiento, es una carga. Es un peso que arrastramos constantemente que en lugar de aligerarse se hace cada día más pesado, más denso, más insoportable. Nos arruina la espalda, entorpece el andar, limita el pensamiento.


Y como toda carga es una elección. Pensalo así, en un día de verano con un sol hermoso y radiante, hace muchísimo calor y salís de tu casa con abrigo pesado que se ganaría un premio Nobel por ser perfecto para el peor invierno de la historia. No tiene sentido ¿verdad? Va a ser una carga innecesaria por el resto de tu jornada que podés evitar, pero fue tu elección llevarlo. Con la culpa pasa algo similar, si decidís no cargarla no la vas a sentir.


Claro, qué fácil suena, ¿no?


¿Cómo hacer entonces para no llevarla? Porque claramente no es una campera que simplemente dejamos y ya.


Cambiemos culpa por responsabilidad y lo cambiamos todo.

Hiciste las cosas mal, te equivocaste, cometiste un error terrible. Está bien, a todo el mundo le pasa, la diferencia está en qué hacemos con eso. Podemos tirarnos en la cama a llorar agobiándonos con ese peso o, y esto es muy importante, podemos asumir la responsabilidad de nuestros actos, tratar de remediar la situación y seguir adelante. Si crees que tenés que pedir perdón por ese error, hacelo, pero no caigas en el circulo vicioso de acarrear con algo que no te corresponde.


Muchas veces incluso la otra parte nos perdona, no guarda rencor pero la culpa sigue ahí, porque la persona más importante de todo esto aún no te perdonó, y esa persona sos vos.


Sí, el perdón tiene que venir de vos. Aprendé a perdonarte, practica el perdón. Porque de nada sirve recibir si no sos capaz de darte lo que buscas.

Apuesto lo que sea a que te es más fácil perdonar, que perdonarte. Muchas veces la culpa es una herida que no cierra porque no la dejamos, no la curamos y no sana. Avivarla es ponerle, como comúnmente se dice, más sal a la herida. Cuando otra persona quiere escupirnos con esa culpa, obligarnos a cargarla, es porque no asume su responsabilidad.


Alguien que entiende sus responsabilidades no culpa a nadie por sus actos.

Entendamos esto, cuando hablo de asumir responsabilidad no estoy refiriéndome a ser una persona responsable que entrega sus tareas en tiempo y forma, ni llega siempre en hora a trabajar; va mucho más allá de eso, asumir realmente esa responsabilidad es ser consciente del error en nuestro actuar y en base a eso seguir adelante. Es necesaria la reflexión, darnos ese tiempo para analizar lo que pasó y dejarlo donde tiene que estar, allá atrás en un pasado que no queremos ni debemos traer al presente, porque sino va a invadir nuestro futuro.