3 Diferencias Esenciales entre Aceptación y Resignación

Aceptación y resignación son dos conceptos que suelen ser confundidos entre sí. Existe una percepción de que son la misma cosa. Sin embargo, tienen diferencias muy marcadas, que en este artículo me dispondré a analizar.



Cuántos malestares me hubiera ahorrado en mi vida si hubiera conocido estas diferencias fundamentales entre aceptación y resignación. De hecho, la primera tiene una connotación positiva y la segunda negativa; quedando, desde mi punto de vista, en polos opuestos irreconciliables.


Pero, no es hora de lamentarse. Es comprensible que yo no supiera estas diferencias, puesto que en mi entorno tampoco los demás las conocían. Así que, en esos casos, solemos dejarnos llevar por “la sabiduría popular”. Y esta sabiduría a veces es muy beneficiosa, pero otras definitivamente NO.


La necesidad de aceptación o resignación por lo general surge ante situaciones conflictivas o desafiantes de la vida. Tomar uno de los dos caminos nunca es sencillo, pero solo uno de ellos te llevará a la paz. ¿Y quién no quiere estar en paz?


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Entonces, vamos a conocer esas diferencias esenciales entre aceptación y resignación, a ver si por lo menos tú que estás leyendo este artículo logras ahorrarte años de sufrimiento cuando te enfrentes a una situación desafiante.


La aceptación es liberación, la resignación es limitación


Cuando aceptamos una situación nos liberamos del sufrimiento de sentir rechazo hacia ella. Cuando no aceptamos algo o alguien, parece no haber ninguna solución y la convivencia se torna insoportable.


Cuando aceptamos que algo no es bueno, ni malo, sino que simplemente ES, nos quitamos un gran peso de encima. A partir de ese momento podemos avanzar hacia otra realidad más agradable. No aceptar, por el contrario, conlleva a estar en una lucha indefinida en contra del objeto, persona o situación que no aceptamos.



La resignación, por su parte, no da esa sensación de liberación. Todo lo contrario, sabemos que nos hemos resignado porque dentro de nosotros nace una amargura, una incomodidad y un sentimiento de estar presos de la limitación.


Es la consciencia lo que nos duele, porque sabemos que al resignarnos nos hemos negado el derecho a crear algo mejor. La solución que desechada y solo hay oscuridad. En algún momento, cuando nos resignamos, el peso de no haber avanzado duele mucho, se siente como una cruz.


La aceptación es neutralidad, la resignación es pasividad


Con la aceptación nos volvemos neutrales ante el hecho, no tenemos necesidad de juzgar. Al dejar la oposición a un lado, simplemente dejamos de mirar aquello que no queremos para concentrarnos en lo que sí queremos. Lo hacemos de forma neutral sin ponerle emocionalidad innecesaria.


Al resignarnos quedamos totalmente pasivos ante los hechos. No tomamos acción en pro de sentirnos mejor, si no que damos todo por perdido. Ante lo que no queremos nos mostramos incapaces de ignorarlo, le damos tanto peso que creemos que nos domina inevitablemente.



Esta diferencia quizás pudiera parecer muy sutil, pero no lo es. Realmente, se siente muy diferente estar en ambas posiciones. Estar pasivo acarrea una suerte de frustración que difícilmente nos deja dormir tranquilos algunas noches. Por eso, las personas resignadas suelen ser de energía muy baja, ya que tienden a la inacción.


Muy por el contrario de lo que se piensa, la aceptación no conlleva a la inacción sino a una acción más alineada con lo que deseamos, a la vez que se logra superar o trascender lo indeseado. En otras palabras, cuando aceptas “negativo” le quitas el poder de controlarte, cuando te resignas ante lo negativo, le das fuerza y te domina.


La aceptación es perdón, la resignación es culpa


¿Puede haber algo más sanador que el perdón? Digamos que cuando aceptas perdonas, porque no tienes nada que reprocharle a esa persona o situación vivida. Cuando aceptas, estás consciente de que todo en la vida es un aprendizaje y que de cada experiencia puede nacer algo maravilloso.


Cuando estás en aceptación no reniegas, no sientes rencor ni mucho menos ganas de vengarte. Solo avanzas hacia adelante con tu herida cicatrizada. Aceptar es auto perdón, porque sabemos que en lo que ocurrió actuamos como mejor creímos que debíamos actuar y si nos equivocamos está bien, no hay por qué darle vueltas una y otra vez, generando culpa.



En resignación no hay perdón alguno. Hay culpa y una sensación de que pudiéramos estar mejor. Al darnos por vencidos, en el fondo sabemos que pudiéramos avanzar pero sentimos un gran miedo, entonces entra la culpa a hacer gala de sus efectos nocivos.


Como has podido notar a lo largo de este artículo, el camino más amable es el de la aceptación. Al aceptar dejamos de perder el tiempo en lo que creemos fue negativo y nos encaminamos en todo aquello que nos merecemos.


Para lograr una meta, por ejemplo, es preciso aceptar errores anteriores, que no somos perfectos y que vendrán desafíos. Así el camino será mucho más agradable.


Si aún no te has registrado en Sé el Jefe, estás a tiempo. A tiempo de encaminarte hacia aquello que tanto anhelas, a tus sueños y tu libertad financiera. Atrévete a vivir una vida más próspera y llena de logros reales.


¿Qué haces tú más frecuentemente? ¿Aceptas o te resignas? Déjame tus comentarios.

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